
Desde siempre, la Iglesia quiso poner de rodillas al pueblo con un poder con reglas de piedra y hierro. Un poder inhumano, irracional, inspirado en tradiciones absurdas y bastardas, cuyo primer objetivo fue siempre aniquilar el derecho que tiene cada ser humano sobre la faz de la Tierra de vivir su vida con los mismos derechos y deberes que adquirió antes de haber nacido.
Como os dije en algún otro post, yo creo. Y como creyente, dejadme decir que este post no va en contra de nadie que deposite su vida en las manos de un Dios. Pero el respeto no me impide ser crítico hasta el punto que creo necesario, del mismo modo que otros, jurando ser guiados por la mano de su Dios (el cristiano o el que rige las Leyes del Islam), no se censuran en absoluto a la hora de decir que el Hombre tiene derecho a disfrutar de su vida, sólo si no sobrepasa los límites que sus necias doctrinas han querido imponer cada vez que han tenido la oportunidad de ello.
Los mismos que se rasgaron las vestiduras cuando alguien descubrió que la Tierra no era plana, los mismos que acusaron de herejía a quien demostró que no éramos el centro del Universo, los que quemaron en la hoguera a aquellos que quisieron hacer grande el hambre de descubrimientos del ser humano, aquellos que condenan la guerra pero no osarían nunca plantarse enmedio del campo de batalla para hacer estallar la paz, aquellos que claman por el fin de la pobreza mientras celebran ceremonias bañadas en oro, siguen reinando y pudriendo la sociedad de este nuestro mundo presente.

Cuántas veces se ha oído en la televisión o en reuniones de amigos a una mujer diciendo: “lo que pasa es que vosotros no sabéis lo que duele eso”. Por supuesto la afirmación se dirige a los hombres de la reunión, y el tema es la depilación a la cera.

