
Muchas veces me pregunto que sería de mí si no hubiera sido gay y siempre llego a la misma conclusión: “¡Mi vida hubiera sido mucho peor!“. Se que yo he tenido mucha suerte. El ser gay nunca ha sido un problema - exceptuando mi infancia, que por esta razón fue breve -, sino todo lo contrario, más bien una ventaja. Si volviera a nacer, desearía volver a nacer gay - porque yo he nacido gay, por si alguien lo pone en duda -.
Creo o por lo menos espero que esta afirmación, la compartan la gran mayoría de los “nuestros”, porque de una forma u otra, todos hemos vivido estoicamente en una sociedad homofóbica, lo que precisamente nos ha curtido, haciéndonos más duros, resistentes y valientes. Ahora nada nos atemoriza, todo son “chiquilladas” frente a los miedos ya vencidos, superados y definitivamente enterrados. Cualquier tiempo pasado fue peor - ¡uf! no todos pueden decir esto -. En mayor o menor medida hemos salido indemnes del acoso y de la “persecución” social y estamos orgullosos de seguir vivos y de haberlo logrado, haciendo frente a las dificultades y pese al intento meticuloso de algunos por disuadirnos, reprimirnos, desviarnos, obstaculizarnos, penalizarnos y martirizarnos tanto física como psicológicamente. ¡Esto es el verdadero Orgullo Gay, nada más!.


