
Quizás Israel no sea uno de los países que más conozcamos. Si, todos sabemos donde está Israel, que tiene un sangriento y eterno conflicto abierto con Palestina desde hace años, y que Irán quiere borrarlo de la faz de la tierra.
Pero quitando este y algún dato más, en Europa, y en España en particular, creo que no tenemos un verdadero conocimiento de la realidad social de este pequeño país.
Un país de contrastes, en el que mientras por un lado existen amplios sectores de judíos fundamentalistas que desearían seguir viviendo en la Edad Media y que odian a los homosexuales, también existe un moderno Israel, abierto y progresista, que sitúa a su país entre los más modernos del planeta.
Un país que es capaz de dar asilo a un gay palestino, que hace poco aprobó la adopción para parejas del mismo sexo, que manda a Eurovisión a la cantante Dana Internacional o que es capaz de rodar películas como Antarctica o como Yossi & Jagger.
Dentro de este panorama liberal, se enmarca también la legislación que regula el ejército de Israel, una institución que se ha convertido en uno de los pocos ejércitos del mundo en el que los soldados pueden decir abiertamente que son homosexuales.