
Enamorarse no es siempre hermoso. Es genial cuando el amor es correspondido, básicamente. Pero es muy, muy jodido, cuando la persona a la que amas no muestra por tí mayor interés que el que corresponda al tipo de relación que has tenido hasta entonces con él o ella.
En ocasiones, nos apoyamos en los pros, en lo que creemos que son posibilidades reales de que sí podríamos ser correspondidos: El chico (o la chica) es soltero, no hay terceros de por medio, es gay, o lesbiana, luego hay opciones, o ni idea de si le va el tema, pero como no lo sé con seguridad, pues por qué no habría de ser así... Y es que cuando uno se enamora, pretende que las circunstancias se le pondrán siempre a su favor y acabará la historia en un conmovedor “fuimos felices y comimos perdices.”
Eso pasa en ocasiones, afortunadamente, pero de hecho en la mayoría de los casos, no sucede. Y no sucede jamás cuando nos enamoramos de nuestro mejor amigo, sobre todo si este es hetero, está enamorado de una chica y no sabe que eres gay. Yo pasé por eso.

No hace mucho, el actor 
