
Una de las cosas que más me gusta de Alan Moore es su habilidad para dar otra vuelta de tuerca. Coger temas manidos, repetidos hasta la saciedad, cosas más que mascadas y ser capaz de tirar por un camino que nadie hizo antes.
En Supreme, Alan Moore homenajeaba a la vez que ridiculizaba al clásico topicazo del superhéroe tipo Superman. En From Hell planteaba su punto de vista de los asesinatos de Jack el Destripador. En Lost Girls llena de pornografía las vidas de señoras, antiguas ídolas infantiles.
Lady Fairchild, una señora de edad avanzada; Dotty Gale, una veinteañera pelirroja con pasión por los zapatos; y Wendy Darling, una treintañera casada con un señor mucho más mayor que ella. Quizás así no las reconozcais, pero ellas son Alicia del Pais de las Maravillas, Dorothy del Mago de Oz y Wendy de Peter Pan.
Como digo, Alan Moore da otra vuelta de tuerca a estos tres mitos, que por unas películas o por otras, siempre hemos visto como inocentes niñas asexuadas. Moore las dota de sexo y de sexualidad. Las hace follar con granjeros, con sintechos, con niñas y entre ellas. Todo durante la primera guerra mundial, en un hotel de lujo en Austria, donde las tres mujeres van recordando su infancia y como distorsionan la historia original de cada una para dotarla de sexo.


