Para poder votar este post tienes que identificarte o registrarte aquí.
Para votar este post conéctate con Facebook
Connect
A Cary Grant, para muchos el más importante actor de la Historia del Cine (aunque no necesariamente el mejor, pese a ser un fabuloso cómico), uno de los actores fetiche de Alfred Hitchcock, galán de galanes, y el hombre más elegante que jamás hubo sobre una pantalla de cine, le gustaban también los hombres.
Grant estuvo casado en cinco ocasiones a lo largo de su vida, pero se supo también después de su muerte, que mantuvo una larga relación con el actor especializado en westerns Randolph Scott, con el que convivió durante varios años, y que privadamente se presentaba a sí mismo medio en broma, medio en serio, como “La Señora Grant.” Además, Grant tuvo como amantes a otros muy destacados nombres del celuloide, como Marlon Brando o Laurence Olivier, amigos, estos últimos, de romances sonados pero breves.
Al parecer, Cary Grant, al igual que Montgomery Clift, por poner otro ejemplo de gay, o bisexual mejor, en la sombra, detestaba su condición sexual. O dicho de otro modo, odiaba amar a los hombres. Y aunque no pudo luchar contra su propia naturaleza, manteniendo relaciones, ve a saber cómo de esporádicas, con otros, sin embargo vivió toda su vida en contra de esa naturaleza insumergible.
Aunque al parecer era de carácter difícil en privado, sin embargo Grant no fue un hombre torturado en el modo en que lo fue Clift, que jamás aceptó su homosexualidad, sumergiéndose en un victimismo extremo que le llevó a una muerte prematura fruto de sus excesos con el alcohol y los antidepresivos. Es triste y no es nada, pero nada sano, luchar contra nosotros mismos.
Leer más