
Hoy es uno de esos días en los que, viendo según qué cosas, te acojonas. Tal cual. Piensas ¿qué es lo que estamos haciendo mal? Tan mal. Por un lado, alegría por los franceses, que dan oportunidad al matrimonio (inserte aquí el adjetivo que prefiera para referirse a un matrimonio entre dos personas del mismo sexo).
Mientras, en Grecia, los neonazis llegan al Parlamento. Ver a un neonazi en cualquier puesto referente a la política es como ver a un usuario reEeshHhuUuloOon de Tuenti con un sillón en la Real Academia de la Lengua. Pues te pones a temblar temiendo lo peor.
Yo, que suelo tender al catastrofismo (dramaqueenismo, si me apuras) veo un señal inequívoca de que estamos yendo en la peor dirección posible. Si en el país dónde nació la democracia y donde la homosexualidad era el pan suyo de cada día hay unos neonazis con poder, ¿qué será de los demás? Acongojado tengo el orto.



