Cada año, desde el primer día de Junio y hasta el mismísimo fin de mes, Market Street, la arteria principal de la ciudad de San Francisco se cubre de arriba a abajo de banderas del arco iris. Es una tradición que ha venido aconteciendo de forma ininterrumpida, año tras año, para anunciar la llegada del Festival más sonado de la Ciudad, la San Francisco Pride Celebration and Parade. Sin embargo, este año, como gesto simbólico, no hay banderas. Tras la no suspensión de la Proposición 8 por parte de la Corte Suprema de California por culpa de complejos galimatías legales, dejando que nuestros matrimonios sigan siendo imposibles en el Estado Dorado, este año será, más que nunca, de obligada reivindicación, de compromiso sin la menor fisura.
El único modelo de cartel que se ve en la ciudad, la única referencia al Pride de este año está editado en dramático blanco y negro, con una sóla licencia de color para la mayor palabra que aparece en el mismo, ‘Pride’ (Orgullo), y como protagonista del mismo, un señor de voz dulce y presencia icónica similar a un ángel totémico, y una capacidad prodigiosa para alentar con su inteligente discurso.












