
De vez en cuando, nos sorprende en la prensa alguna noticia en la que un político conservador, que ha sido azote de los gays durante años, es sorprendido en situaciones comprometidas que demuestran que su obsesión contra los gays es simplemente una forma de esconder su propia orientación sexual. Ha pasado en España, con aquel concejal mallorquín que se dejó un pico de dinero público en chaperos, y pasa de vez en cuando en Estados Unidos.
Y este tema es el protagonista de Outrage, un documental norteamericano que se estrenó en Barcelona a principios de julio dentro del Festival de Cine gay de la capital catalana, y que analiza los casos de una serie de políticos gays que están dentro del armario, y que votan de forma sistemática contra la ampliación de los derechos para los ciudadanos LGBT.




