
A veces, a pesar de las guerras y del conflicto palestino – israelí, la vida da una oportunidad a los derechos humanos, a la razón, y a la justicia.
Eso fue lo que ocurrió hace unos meses, cuando el Israel autorizó a un gay palestino que residía en la ciudad cisjordana de Yenín a residir de forma temporal en Tel-Aviv, junto a su actual pareja israelí.
Y espero que ahora se pueda repetir con otro gay palestino que vive en una aldea cisjordana y que ha pedido asilo en Israel por el peligro que le supone seguir viviendo en su tierra natal.
Los abogados de este palestino han explicado que su cliente corre peligro de muerte, llegando incluso al extremo de que su propia familia le ha rechazado al enterarse de su condición sexual.



