
Cumpliéndose encuestas y pronósticos, lo que tenía que suceder, ha sucedido. Un tsunami popular ha barrido prácticamente toda España, alzando a Mariano Rajoy como próximo presidente del Gobierno español con los votos de casi once millones de españoles, incluyendo a buen seguro a muchos miles de ciudadanos LGBT. Un gobierno que deberá estar centrado en sacar al país de la crisis, y en crear empleo para solucionar la terrible lacra que suponen los cinco millones de parados que hay en España.
La tarea, es sin duda, ardua y complicada. La experiencia en otros países nos lleva a ver que los cambios de gobierno no siempre garantizan la mejora sustancial de la economía. Y Rajoy y sus gentes, lo saben. Puede que de ahí la cara seria de algunos de sus dirigentes en la noche de ayer. La fiesta por su triunfo, duró poco, y lo que se viene encima no es plato de gusto para nadie.
Pero además de la economía y de la crisis, que es sin duda lo que ha llevado a millones de ciudadanos a votar por el partido de Rajoy, hay otros asuntos envueltos en una nebulosa que no sabemos todavía como afrontará el PP. Entre ellos, el matrimonio entre personas del mismo sexo. Con una campaña en la que Rajoy ha sido tibio respecto a este tema para tratar de nadar y guardar la ropa, tratando de no enfadar a nadie, ahora queda ver cuál será realmente la postura del PP.










