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	<title>AmbienteG</title>
	<link>http://www.ambienteg.com</link>
	<description>Weblog colectivo dedicado a cubrir los intereses de los gays, lesbianas, bisexuales y transexuales.</description>
	<pubDate>Wed, 06 Aug 2008 20:31:44 GMT</pubDate>
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      <title><![CDATA[Normalito]]></title>
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      <pubDate>Wed, 06 Aug 2008 20:31:44 GMT</pubDate>
      <author>Dan</author>
      <description><![CDATA[	<p><img class="centro" img id="image7321" src="http://img.ambienteg.com/2008/07/satiro.jpg" class="centro" alt="satiro" /><br />
En el mundo del ligue gay, <strong>ser &#8220;normalito&#8221; es una putada</strong> según muchos. Porque en esta variante del escaparatismo charcutero, o llamas la atención por el diseño, por el exotismo de unos ojos dispuestos así o una piel coloreada asá, o en varios casos, por un miembro imposiblemente apretuñado entre los ardientes pliegues de los shorts en la entrepierna, o pasas desapercibido y te conviertes en bocado propicio más bien para aquellos amantes de ocultas bellezas hipodérmicas. Porque muy bien, todo lo que queráis, que la belleza está en el interior, que de nada vale un precioso envoltorio si acabas hasta el moño del contenido y que uno se enamora de la persona, no de su aspecto y bla bla. Todo eso es cierto, pero todos sabemos a qué me refiero y, venga ya, hay muchos que están de acuerdo. Al menos en los primeros tonteos. No es mi forma de pensar, quizás tampoco la vuestra, pero <strong>qué vende y qué no</strong>.</p>

	<p>Ser diana del objetivo telescópico del cazanabos eleva el ego. No está mal, siempre que este no nuble y des con tus morros de narciso en el muro de la insufrible bobería. Cosa que es tan común, y por serlo, si se presume de ello, tan vulgar y propio no sólo de gays, que acaba restando los puntos que habían dejado al adonis al borde del precipicio del cero.</p>

	<p>Y es precisamente la <strong>falta de presunción la mayor virtud</strong> del normalito, porque el presuntuoso suele terminar por perder los pluses que se fue sumando, mientras que el de neutra belleza dejó las puertas abiertas a toda clase de expectativas reservándonos, con bastante frecuencia, generosas sorpresas.<a name="more"></a></p>

	<p>Aitami, Armiche, Ayoze&#8230; no recuerdo, era el nombre por el que no querías ser nombrado. Tus padres lo eligieron en aquella época en que bautizar a los hijos con nombres guanches era como cool o revolucionario o doctrina &#8220;simplaria.&#8221; También me he olvidado de tu primer nombre, más convencional, con el que te presentaste y por el que te gustaba que te llamasen, porque el otro era, según tú, como de clase baja. Sin embargo, ninguno de los dos olvidamos cómo te llamé espontáneamente un día, &#8220;Culito&#8221;, te tronchaste entonces de la risa. Yo no hice más que honor al más precioso trasero que ví hasta ese momento en mi vida, y el único, confieso, que me hizo literalmente, hacer caer la baba. </p>

	<p>Nos conocimos a través de una sección de contactos de no sé dónde, de cuando el ligue digital era menos recurrido. Tu carta de presentación te definía moreno, pelo corto, masculino, 20, delgado y <strong>normalito</strong>. Y dejaste claro que si nos veíamos y nos nos gustábamos, no importaba. Un saludo entonces y feliz regreso a casa, pero nos vimos y para sorpresa tuya, me gustaste muchísimo por todo. Por tu espontaneidad de <strong>chaval sin disfraz, tu masculinidad llana</strong>, tu combinación de chico de barrio y el reverente eclecticismo de gustos literarios que iban de la devoción por <strong>Anne Rice</strong> al franco apetito por <strong>Nietzche</strong>. Me gustó que dijeras que sólo habías besado antes a un hombre, me gustaron tus manos y que dejases tu coche aparcado para subirte al mío, en aquella época en que no había otro lugar más que el hogar paterno, para charlar y dar paso, si cuadraba a lo que quisiéramos hacer cuadrar. Y cuadró.</p>

	<p>Hablamos de trivialidades después de habernos atrevido a empujarnos con introducciones insospechadamente profundas. Ambos sabíamos que no era más que una excusa para forzar al otro a proponer el beso. Lo propuse yo y de ahí no paramos. Te reiste cuando nombre a Dios al chuparme los pezones, envolviéndolos en un hálito cálido que me transportó del asiento recostado del conductor a un octavo cielo. Con tu beso masculino, simple, profundo, sabroso, envuelto en la seda de tus labios, envolviendo a los míos, subiendo y bajando tu cabeza, mientras acariciaba tu sólido cuello de densos tendones de deportista despistado de la preciosidad del propio cuerpo, labrado a base de playa y fútbol de fines de semana. Mi gesto favorito fue para tí, abrazarte, abarcando tu hermosa espalda mientras no cesabas de comerme la boca y yo me dejaba, sencillamente, amamantándome de tu sabor a beso cerrado. <strong>Amé tu jugo constante</strong>. Y cuando descubriste, que tu inexperta actitud era capaz de hacerme gemir sin poder articular ni una palabra razonable mientras me saboreabas con generosidad entre las piernas, te entregaste a besarme arriba y abajo, sin prisas, dedicando a cada zona un tiempo que supiste definir justamente, hasta que te convertiste en una droga de cita semanal de la que no quise prescindir. Por mi parte, intenté también satisfacerte regalando a tu hermosísimo pene en su <strong>normalidad tan, según  tú, estándar</strong>, lo mejor de mi cariño sin palabras, mientras estirabas hacia atrás la cabeza y los brazos, dejando al descubierto el bellísimo doble abanico del vello de tus sobacos perfectos.</p>

	<p>Tras un tiempo, porque todo acaba, por alguna razón que tampoco recuerdo, dejamos de vernos. Nos fuimos distanciando por no sé qué. Jamás te he olvidado. Supongo que de algún modo, estuve enamorado de tí.</p>

	<p>De habernos dejado guiar por el referente normalito o de haberte querido elevar hasta quedar a la altura del mono, guapete, guapo, morboso, no lo habrías sido tanto, porque presumir a viva voz de ello te habría restado franqueza, luego morbo, y todo ese encanto del que venías sobrado porque no eras consciente de ello. Y ahí está <strong>la diferencia entre</strong> el que se vende <strong>normalito y el</strong> que presume de <strong>guapo</strong>. Que <strong>el primero supera sus propias expectativas</strong>. El segundo, demasiado a menudo, se queda por debajo, en cualquier sentido. ¿Va a ser por eso que a menudo recordamos tanto a los normales, y apenas somos capaces de acordarnos de la mayoría de los aspirantes a portada y estampa?</p>


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    </item>
	
    <item>
      <title><![CDATA[Ámale la espalda (2)]]></title>
      <link>http://www.ambienteg.com/2008/05/12-amale-la-espalda-2</link>
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      <pubDate>Mon, 12 May 2008 07:47:52 GMT</pubDate>
      <author>Dan</author>
      <description><![CDATA[	<p><img class="izquierda" img id="image6503" src="http://img.ambienteg.com/2008/05/pics-11.jpg" class="centro" alt="Ã¡male_2" />Una vez que acabaste de masajear sus pies, tu chico quedó rendido de gusto, agradecido por las mimosas manos, la piel suavizada por el ligeramente oloroso aceite de coco que le dejó una leve sensación de calor. </p>

	<p>El dulce sopor que le mantiene tendido boca abajo en la cama le parece que es el mejor postre del mejor regalo que podía esperar hoy, pero lo que no sabe es que en realidad esto no ha sido más que la primera parte de una sesión más intensa que tomará a partir de ahora un cariz mucho más interesante, que le irá convirtiendo en un sujeto tan activo como él quiera, o como tú le dejes.</p>

	<p>Una vez que has terminado de masajear con <strong>las manos, vamos a dejar que estas pasen a un segundo plano</strong>, ya que aunque no dejarás de usarlas, ahora será <strong>tu boca</strong> quien tome el rol protagonista. Sin haber dejado de tocar suavemente sus pies, céntrate ahora en sus dedos, uno por uno, envolviéndolos con los labios, humedeciéndolos muy despacio, deslizando tu lengua delicadamente entre cada uno de ellos, Recuerda, son la parte más frágil del pie. Trátalos como merecen. La mera sensación de hacer de tu boca un guante para cada pequeño dedo, hará casi inevitable que tu pareja ronronee.<a name="more"></a></p>

	<p>Tras acabar sin prisas con ellos (que estés más o menos tiempo aquí dependerá de tu disfrute y del disfrute de tu compañero), continúa lamiendo el pie, sin pararte en exceso en el puente, por ser extremadamente propenso a las desagradables cosquillas, y dale también su ración de humedad al empeine. De ahí, pasa al talón, lamiéndolo a ambos lados y &#8220;atrapándolo&#8221; con tu boca, ¿hace falta decir que <strong>bajo ningún concepto deben intervenir los dientes</strong>? A partir de ahí, ve subiendo progresivamente por la pantorrilla, saborea sus gemelos, olvídate de los pelos, si los hay, ¡forman parte de la piel de tu chico!, y hazle disfrutar recreándote por un momento del cuenco que pliega su pierna. Bésalo del mismo modo que besarías su boca de seda. Chapotea en ellos. Le harás descubrir fabulosas nuevas sensaciones. Y sube luego por los muslos, lentamente, hasta llegar al pliegue con el culo, en ambas piernas.</p>

	<p>La segunda parada más importante, después de los pies, es <strong>una de las zonas erógenas fundamentales del cuerpo</strong>. El trasero humano también es transmisor de comunicación íntima y no tan íntima en ocasiones cuando la camaradería se presta al palmoteo desenfadado. Llegados al culo, dedicadle pues toda la atención que deseéis. Una vez más, evitando el roce de los dientes, comenzad a lamerlo, a enjuagarlo, besarlo, con la boca abierta y usando como elemento de suspensión vuestros labios, disfrutad, y haced disfrutar, del hermoso volumen de los grandes músculos gemelos que se juntan en <strong>el glorioso pliegue</strong>. Recorredlos en toda la amplitud, en toda la medida que queráis, muy despacio, que precipitarse en el sexo es de lerdos, caray. Haced unos speedos de saliva mientras notáis como vuestro chico gime y mueve voluntaria ¡e involuntariamente! sus glúteos, pero <strong>NO</strong> permitáis de ninguna manera que se de la vuelta, porque no os quepa duda que querrá hacerlo. Y aprovechando que venís de una ducha tibia, suavemente, con las manos, descubrir el oscuro objeto del deseo para encontraros con el ojo delicado, pasivo o activo, que va a agradecer ser besado, lamido, untado del aceite de vuestra boca, gozad de él sin agresividad pero sin censuras. Qué pocas cosas en esta vida hay más brutalmente eróticas que este divino momento.</p>

	<p>Una vez hayáis triunfado allá abajo, continuad por donde acaba la espalda, en el valle del centro, donde podéis tomar un break unos segundos para seguir luego hacia arriba, lamiendo y besando toda la espalda, en dirección al cuello. Mientras váis subiendo, vuestro cuerpo se irá adaptando al cuerpo del otro hasta <strong>dejar posar el pene sobre la raja del culo</strong> de vuestro chico. También aquí podéis proporcionar un leve masaje rotatorio, mientras llegados al cuello, y habiendo posado vuestros brazos sobre los suyos, acaricias sus manos sintiendo su respiración agitada, su lamento obsceno, su ansia por girar la cabeza y comerse tu boca. No le dejes.</p>

	<p>Lame su cuello, saborea sus músculos, olfatea su aliento, siéntelo preso de todo ese amor genuinamente erótico que le estás regalando, lámele la oreja, juega con su lóbulo, apenas roza con tu lengua la comisura de sus labios, y aprovecha la fina lubricación mezcla de saliva y aceite para deslizarte sobre él.</p>

	<p>Tras un rato, cuando sepas que el masajeado ha muerto en vida de puro gusto, pregúntale si quiere darse la vuelta. </p>

	<p>No te quepa la menor duda de lo que ha decidido al pasar de párrafo. Ahora esperará que tu boca se pose sobre la suya, pero el siguiente paso serán <strong>sus pezones</strong>, una parada breve, cálida, húmeda, pero no precipitada. Dales calor, calcula su tamaño, su nivel de endurecimiento rodeándolos con la lengua. Desde ahí, empieza a bajar lentamente, desde el centro del canal al ombligo, y haciendo un alto en su pozo prenatal, ya percibirás el delicioso aroma de su <strong>pene ansioso de tus besos regalados</strong>, amante de  ese abrigo rosa deseado, latente, silencioso, anfitrión del reino de su entrepierna.</p>

	<p>Define su olor, bordéalo, aprecia su vecindario, desliza tu nariz por sus magnéticos testículos, hazles danzar esa danza vaga, e introdúcelos en la boca, uno a uno, suavemente haciéndolos salir y entrar como quien sopesa dos bolas de la suerte en las manos, vuelve a oler. Ahora su aroma se ha mezclado. Y mientras lo haces, sin precipitarte, agarra el pene con la mano, desde su anverso y vuélvelo para que quede cara arriba, apuntando al ombligo. Desde los testículos, arrastra la lengua lentamente a lo largo de la <strong>preñada polla de canales y ríos de amor y lava</strong> hasta llegar al glande, y hazlo desaparecer.</p>

	<p>Sólo tú conoces a tu chico. Sólo tú sabes de sus ritmos, de sus velocidades, de sus piano-piano o acelerones. Juega con ellos. Déjale oir esas notas sin partitura, joder, disonantes. Más o menos sujeto, siente cada protuberancia, cada pequeña colina, cada centímetro de sabor a sabor de pene, a sudor de pene, a saliva y pene. Usa la boca, usa la mano. Usa las dos al mismo tiempo. Haz bailar a los tres, y cuando el final esté cerca, <strong>ambos decidís dónde queréis que el jugo blanco de su dulce leche repose, o nutra o lubrique</strong>.</p>

	<p>Acabado el masaje, decidid mejor cuál es el siguiente paso. No hay uno sin dos, dicen. Y haber eyaculado puede significar nada menos que el comienzo de lo que venga. Ahí ya os dejo solos.</p>


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    </item>
	
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      <title><![CDATA[Divinas palabras]]></title>
      <link>http://www.ambienteg.com/2007/07/16-divinas-palabras</link>
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      <pubDate>Mon, 16 Jul 2007 06:54:52 GMT</pubDate>
      <author>Dan</author>
      <description><![CDATA[	<p><img class="centro" id="image2688" alt="insectsex" src="http://img.ambienteg.com/2007/07/insectsex.jpg" /></p>

	<p>El sexo es una actividad bastante escandalosa. Pero &#8220;escandalosa&#8221; no en el sentido que el &#8220;meapilismo&#8221; proclama. Me refiero más bien a lo ruidoso que puede llegar a ser. Creo con seguridad, y lo he dicho en este blog más de una vez, que <strong>el sexo es el único placer que puede ser disfrutado</strong> al mismo tiempo <strong>con los cinco sentidos</strong>: Cuando nos perdemos entre las sábanas, o en el sofá, o en la silla de la cocina, o en las escaleras del primer al segundo piso o donde sea, con quien sea, nuestros sentidos están de fiesta intensa y muy sentida, valga la redundancia.</p>

	<p><strong>El sexo está trufado de olores</strong>. Los que desprenden nuestras pieles. A hombre, a mujer, a pasión, a necesidad de más. Se huele a boca ansiosa, se huele a pene o a vagina, a fluido, a esperma. <strong>Del tacto no os cuento nada</strong> porque el sexo es puro y hermosísimo contacto físico en toda su dimensión. Al igual que estamos bañados en olores, también lo estamos de <strong>intensos sabores</strong> que se multiplican y se mezclan en un cóctel infinito cuando disfrutamos del otro. Y disfrutamos hasta el éxtasis, <strong>los ojos de quien nos mira</strong> muy, muy de cerca, mientras besamos con intensidad, con inmensa ternura, una ternura precipitada. Y gozamos de la forma y la textura del miembro pleno de sangre, de la vulva golosa, del pezón turgente, de los labios clamando más besos, de las nalgas prietas, hambrientas, dispuestas a recibir su precioso tesoro.</p>

	<p>Pero en el sexo <strong>el oído también es fundamental</strong>. Como digo, aquí el ruido es una constante. El de los cuerpos deslizándose entre ellos, el de la lubricante melodía de los besos, la explosión de fluidos y las palabras, porque incluso cuando no nos damos cuenta, cuando estamos ahí, en la lucha cuerpo a cuerpo, no podemos evitar hablar&#8230; pero de qué forma.</p>

	<p><a name="more"></a></p>

	<p>El lenguaje verbal del sexo es directo, a veces rudo, a veces divertido, a veces humillante&#8230; sin pretenderlo necesariamente. Se nos escapan palabras o las soltamos a plena conciencia, sabiendo cómo pueden ayudar a que el orgasmo nos eleve un poco más o a que el ritmo se acelere. ¿Vísteis <a href="http://www.imdb.com/title/tt0245574/">Y tu mamá también</a>? Cuando el personaje de Tenoch (Diego Luna), llega al orgasmo, exclama sin apenas ser consciente: &#8220;Aaaaayy, mamasita, mamasita&#8230; &#8221; A ese tipo de cosas me refiero.</p>

	<p>&#8220;Fuck&#8221;, &#8220;shit, &#8220;mierda&#8221;, &#8220;joder, joder, joderrrrr&#8230; &#8221;, jeje&#8230; me acuerdo especialmente de esa última expresión porque era la única que poco antes de llegar a la cumbre, usaba invariablemente la mejor aventura que viví en mi tiempo en Madrid. Hay otras situaciones en las que uno u otro miembro de la pareja decide ejercer un rol imprevisto, activo o pasivo, dominante o humillante, potenciando así su excitación con expresiones que en cualquier blog no pasarían la censura.</p>

	<p>Hay exhalaciones ruidosas, chillidos moderados, gritos vergonzantes (para el que no grita), sobre todo cuando hay conciencia de que pared con pared los vecinos están disfrutando gratis de un show más que a menudo, no deseado. Pero bueno, para un lugar en este mundo donde podemos expresarnos con entera naturalidad, cómo vamos a cerrarle la boca a nadie.</p>

	<p>Pero las palabras más dulces que se pueden escuchar son aquellas que más te atan a la persona con la que estás aislándote del mundo, cuando en esas breves pausas entre olas apasionadísimas, le miras a los ojos y te dice &#8220;qué lindo eres&#8221;, &#8220;te quiero&#8221;... &#8220;no te vayas nunca&#8221;, tras las que invariablemente se suceden las caricias más sentidas. Aquellas que te hacen creer con absoluta certeza, que no hay, en ese justo momento sobre la faz de la Tierra, un sólo ser humano más feliz que tú.</p>


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    </item>
	
    <item>
      <title><![CDATA[Celebrando "Mi" Celebración]]></title>
      <link>http://www.ambienteg.com/2007/06/27-celebrando-mi-celebracion</link>
      <guid>http://www.ambienteg.com/2007/06/27-celebrando-mi-celebracion</guid>
      <pubDate>Wed, 27 Jun 2007 00:49:37 GMT</pubDate>
      <author>Dan</author>
      <description><![CDATA[	<p><img class="centro" id="image2530" alt="cuidando" src="http://img.ambienteg.com/2007/06/cuidando.jpg" /></p>

	<p>Os prometí hablaros del desarrollo del <strong>&#8220;Junio Gay&#8221;</strong> en <a href="http://www.ambienteg.com/tag/san+francisco%22">San Francisco</a>, algunos posts atrás. De hecho tenía previsto asistir a algunas de las celebraciones más importantes del Fin de Semana del Orgullo, pero las mismas razones que me mantuvieron apartado del <strong>Blog</strong> por unos días, me impidieron asistir a la Fiesta. Razones que sin embargo han servido de enseñanza en muchos frentes privados.</p>

	<p>Un viejo amigo (bueno, tampoco tan viejo, caray), de los muchos norteamericanos que se trasladaron en su día a <a href="http://www.ambienteg.com/tag/california">California</a> desde el Medio Oeste del país, Kansas concretamente en este caso, para superar unas fronteras sociales y de comportamiento que siempre San Francisco quebró, en claro contraste con el resto de los Estados Unidos, decidió rendirse a la sagrada coquetería y someterse a una operación de <strong>cirugía plástica</strong>, para quitarse unos pocos años de encima.</p>

	<p>Mi amigo, <strong>seropositivo</strong>, me pidió que ejerciese de &#8220;enfermero jefe&#8221; en su casa por unos días. Acepté encantado. Nunca olvidaré la experiencia.</p>

	<p><a name="more"></a></p>

	<p>Mi amigo pertenece a esa generación de gays &#8220;sanfranciscanos&#8221; para los que el sexo era uno de los puntos cardinales de su vida. <strong>Donde oliese a sexo, allí se apuntaba</strong>. No fue una excepción. En San Francisco, esa era la norma. Pero fue también esa generación, a la que pilló de lleno como un corte brutal e inesperado de afiladísima guadaña, la aparición del <a href="http://www.ambienteg.com/tag/sida">SIDA</a>. Era <strong>una generación que no se protegía</strong> porque no habían mayores motivos para protegerse. Nadie moría por follar sin ponerse goma. Sí, sí, de acuerdo, la <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Gonorrea">gonorrea</a>, la <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Sifilis">sífilis</a>, la <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Hepatitis">hepatitis</a>... siempre estuvieron allí, pero ¿alguien pensaba en el contagio? Y si había contagio&#8230; bueno, ¿acaso no había una cura?</p>

	<p>De repente, viniendo de nadie supo dónde entonces, una de las formas de horror más puro que hemos conocido los gays en toda la historia se puso de manifiesto. Sus amigos y amigos de sus amigos, empezaron a enfermar y a morir como moscas, víctimas de una extraña enfermedad, a la que se denominó entonces, antes de conocer qué demonios los estaba exterminando, el <strong>cáncer gay.</strong></p>

	<p>Hace un tiempo, mi amigo me enseñó una foto que hizo que me recorriese un escalofrío. En ella estaban él con todos sus compañeros del departamento en donde trabajó durante más de 30 años. Casi todos gays. Me dijo: &#8220;De todos estos, sólo dos seguimos con vida. A los demás los mató el SIDA.&#8221; En un segundo pude imaginar lo terrorífico que tuvo que ser vivir a cara a cara frente a esa muerte sin rostro. Reconozco que me costó asimilarlo.</p>

	<p>Mi amigo logró librarse de una sentencia a muerte casi segura, respondiendo extraordinariamente al tratamiento con <strong>retrovirales</strong>, hasta el punto que es imposible detectar el menor síntoma aparente de debilidad física de ninguna clase en él.</p>

	<p>Antes de someterse a la operación, ambos fuimos al hospital. El Doctor debía explicarle a él algunos últimos detalles sobre la intervención, y a mí el modo de hacer las curas. Antes de comenzar con el listado de cosas a tener en cuenta, se dirigió a mí y me preguntó: ¿Eres seropositivo? Por fortuna, no lo soy, así que me advirtió sobre una medida básica pero fundamental: <strong>&#8220;A la hora de limpiar las heridas y de curar las cicatrices, invariablemente, cada una de las veces, usa guantes de silicona.&#8221;</strong></p>

	<p>El miedo es el enemigo más fuerte del hombre. Lo creo con firmeza. Y pese a saber que corría riesgos, perfectamente evitables en todo caso, desde dos días después, tomé cuidado de él como un padre debe tomarlo de su bebé. Porque un adulto, ciego en este caso debido a la extrema hinchazón de su cara necesita una atención constante las 24 horas del día que incluyeron: darle de comer, ayudarle a ducharse y a orinar, hacerle las curas con cuidado de no tocar con mi piel ni un punto de su piel potencialmente infecciosa, usando <strong>guantes de látex</strong> para ir cerrando sus heridas, ir limpiándole de capas de sangre seca, o ir suministrándole cada una de la casi decena de pastillas, entre calmantes y antivirales a diferentes horas del día y la noche.</p>

	<p>Hoy está prácticamente recuperado (la post cirugía plástica exige un plazo no muy extenso, generalmente). Ya puede hacer vida normal por sí solo, y me sigue dando las gracias como hizo cada día, varias veces, desde que empecé a &#8220;protegerlo&#8221; con mimo y paciencia.</p>

	<p>De esta experiencia he sacado bastantes enseñanzas, pero podría resumirlas casi en dos: Que <strong>al SIDA no hay que temerle</strong> jamás si se toman las precauciones mínimas debidas. Repito: mínimas. Y segundo, que no hay Celebración, por mucho Orgullo Gay que pueda haber de por medio, más grande que el de la alegría de saber que con poco, has contribuido a hacer a alguien muy feliz&#8230; esto en realidad lo sabía ya de antes, pero quería compartirlo con vosotros. Como véis, yo también tuve motivos para <strong>&#8220;Celebrar con Orgullo.&#8221;</strong></p>


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    </item>
	
    <item>
      <title><![CDATA[Black is Hot]]></title>
      <link>http://www.ambienteg.com/2007/05/27-black-is-hot</link>
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      <pubDate>Sun, 27 May 2007 03:27:22 GMT</pubDate>
      <author>Dan</author>
      <description><![CDATA[	<p><img class="izquierda" img id="image2306" src="http://img.ambienteg.com/2007/05/AA035494.jpg" alt="black_butt" />En estos días se celebra en San Francisco, el <a href="http://www.sfiaf.org/"> International Arts Festival</a>. Una sucesión de eventos culturales que son el pistoletazo de salida de toda la movida cultural y artística que hará suya la Ciudad en los próximos meses. La oferta es amplísima e incluye espectáculos de <strong>Circo, Danza, Teatro, Música, Artes Visuales y Cine</strong>, con grupos y artistas provenientes de todo el Mundo.</p>

	<p>Hace un par de días, dentro de la programación del Festival, asistí a un espectáculo de circo, en la línea de <a href="http://www.cirquedusoleil.com/CirqueDuSoleil/en/default.htm">Cirque du Soleil</a>, donde la música, la danza, el malabarismo y el trapecio se dieron la mano de un modo prodigioso. El grupo se llama <a href="http://www.circusbaobab.org/">Circus Baobab</a>, guineanos que hacían con esta actuación su <strong>debut en Estados Unidos</strong>.</p>

	<p>Sentado en segunda fila, me gocé con la boca abierta un espectáculo de dos horas de duración, donde las poderosas percusiones africanas y un envolvente ritmo sin pausa hicieron que al final hubiera una ovación sonada con todo el público en pie. Yo además aplaudí por otra razón, seguro que compartida: La <strong>poderosa anatomía</strong> de los acróbatas <strong>negros</strong>.</p>

	<p><a name="more"></a></p>

	<p>Para gustos se hicieron colores, siempre se ha dicho, aunque hay quien prefiere no ir más allá de los &#8220;<strong>colores conocidos</strong>&#8221;. O sea, que hay blancos que no salen de los blancos, asiáticos de los asiáticos o gitanos de los gitanos. Yo soy de &#8220;buena boca&#8221; (o sea, que de todo me gusta), así que cuando fuí más loquillo y tuve oportunidad no le negué un bocado a la piel morena, descubriendo entonces que así como diferentes olores o formas despiertan diferentes apetitos y generan variadas satisfacciones, también el tener sexo con razas distintas, no sólo facilita la integración (y esto no lo digo de coña), sino que te hace entender, que aunque el sexo es un lenguaje universal, una serie de  <strong>pequeños matices</strong>, físicos y de actitud sí que <strong>diferencian a unas razas de otras</strong>. ¿A qué matices me refiero?... Bueno, eso es justo lo que tendréis que descubrir por vosotros mismos.</p>

	<p>Yo lo único que os puedo decir con seguridad, es que quien no ha probado negro, no sabe lo que se ha perdido. Aunque bueno, creo que siempre estamos a tiempo, ¿no?</p>


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    <item>
      <title><![CDATA[Los pezones, ¡Vaya par de gemelos!]]></title>
      <link>http://www.ambienteg.com/2007/05/10-los-pezones-vaya-par-de-gemelos</link>
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      <pubDate>Thu, 10 May 2007 03:01:21 GMT</pubDate>
      <author>Dan</author>
      <description><![CDATA[<p><img class="centro" img id="image2129" src="http://img.ambienteg.com/2007/05/pec.jpg" alt="pezones masc" /></p>
<p>Para mí, el ideal de juego erótico, exige un cierto balance que demasiado a menudo es difícil de encontrar.</p>
<p>Inevitablemente hay fijaciones, preferencias, <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Fetichismo_sexual">fetichismo</a>. Hay quien adora besar y se centra en eso, o a quien le chifla el oral y se olvida de lo demás. Hay otros que dan por hecho que el sexo comienza y acaba en la penetración. Otros que tiran por el beso negro, hay quien flipa en colores lamiendo los pies o tal vez las axilas. Otros tienen tanta fijación por las orejas que de tanto meter la lengua pueden acabar dejándote sordo por un rato.</p>
<p>Yo prefiero un cocktail de todo ello, pero debo confesar, puestos a ser honestos, que enloquezco de veras con todo aquel que sepa hacerme feliz lamiéndome con sabiduría los <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Pezón">pezones</a>.</p>
<p><a name="more"></a></p>
<p>Los pezones son esas protuberancias oscurillas unisex que coronan los pechos, y que están rodeados de ese segmento de piel que tanto me pone llamado <strong>areola</strong>. Es algo que <strong>tenemos en común hombres y mujeres</strong>, aunque en el caso de las mujeres es más funcional, porque están creados inicialmente para dar de mamar a los bebés. En el caso de los pezones masculinos, para quien tenga dudas respecto a su funcionalidad, decir que están ahí porque aparecen en el embrión antes del día 60, en que se empieza a definir la sexualidad del feto. Al parecer <a href="http://www.maikelnai.es/?p=15">al principio somos todos hembras</a> (siempre supe que en realidad los hombres éramos la <strong>costilla</strong> de la mujer, y no viceversa, chicas).</p>
<p>Los pezones tienen multitud de <strong>pequeñas terminaciones nerviosas</strong> que los hacen especialmente sensibles a cualquier estímulo exterior, ya sea frío o calor, besuqueos, lameteos o mordisquitos. A mí, particularmente, los mordisquitos tienden a repatearme aunque hay quien insiste en ellos, y por supuesto hay muchos/as a quienes les pone enormemente, pero yo prefiero un buen juego a dos (lengua/labios), que puede ser más que suficiente para ponerme a tono y hacerme llegar al orgasmo sin ningún tipo de estimulación adicional. Será por eso que en ocasiones, tapo la parte exterior de la cara de quien <strong>me está enloqueciendo</strong>, con la mano, para que no salga demasiado accidentado a resultas de la <strong>explosión final de alegría</strong>.</p>
<p>A pelo o con piercing, ahí están. <strong>Concedámosles el protagonismo que se merecen</strong>. Bueno, qué caray, a los pezones y a todo lo demás. Recordemos que <strong>el sexo es el único placer que puede ser disfrutado con los cinco sentidos</strong>. ¿Quién pidió doble ración?
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      <title><![CDATA[Segunda piel]]></title>
      <link>http://www.ambienteg.com/2006/10/26-segunda-piel</link>
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      <pubDate>Thu, 26 Oct 2006 10:25:31 GMT</pubDate>
      <author>Pablo</author>
      <description><![CDATA[<p><img id="image223" src="http://img.ambienteg.com/2006/10/segunda_piel.jpg" alt="Segunda Piel" class="izquierda"/> Aunque es una película ya antigua, pues se estrenó en 1999, la verdad que cuando la ví me impactó mucho. Yo, por aquel entonces, justo había cumplido la mayoría de edad y aunque tenía clara mi orientación sexual poco sabía de la relaciones homosexuales y del sufrimiento que podían llegar a causarte.</p>
<p>Esta película española, cuyo director 	Gerardo Vera, confió en Javier Bardem y Jordi Mollá, como &#8220;pareja gay&#8221; para la película fue de las primeras películas que mostraban al público imágenes de relaciones homosexuales sin herir la sensibilidad de nadie, pues estaban muy cuidadas y no dejaban ver más allá de lo que &#8220;no se podía mostrar&#8221; por aquel entonces..</p>
<p>SINOPSIS: Elena sabe que el enfriamiento que atraviesa su matrimonio no es algo temporal. Alberto, su marido, un joven y prestigioso ingeniero aeronáutico, acaba de entreabrir una nueva puerta y parece decidido a atravesarla con alguien que no es ella. Alberto no pretende fingir, sencillamente está desorientado. Quiere a su mujer y a su hijo, pero intuye que la pasión que le inspira Diego es algo más que deseo. Diego, traumatólogo en una clínica privada, es un hombre sin dobleces ni prejuicios que se tira de cabeza a la piscina del amor arriesgando en ello su estabilidad emocional y profesional, como le advierte su jefa y buena amiga, Eva. Los engaños, las escenas de dolor, y la desconfianza crecen, interponiéndose entre los tres amantes.
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