Estaba el otro día leyendo en la playa con mi novio, y me fijé en una parejita de chavalines que se sentaron al lado nuestro.
Debían tener no más de 20 años, y en principio, y a los ojos de todo el mundo, eran dos jóvenes amigos que iban a la playa sin más. Pero a los ojos de cualquiera que quisiera o supiera ver, eran dos chavales que se mostraban su amor en cada uno de sus gestos y movimientos, de una forma cariñosa y discreta, como si el resto del mundo no existiera para ellos.
Como ya he dicho, a los ojos de cualquiera, podrían pasar por dos amigos. Pero a nada observador que seas, se veía algo más, a la hora de darse crema por la espalda con un cuidado especial, con sus miradas furtivas e inocentes que sólo la recién abandonada adolescencia y los primeres amores pueden dar, las tímidas sonrisas que iluminaban sus caras cuando se miraban, o los leves y furtivos roces en las rodillas o en los hombros. Sin duda, entre ellos había eso que llaman química.





Nueva iniciativa para combatir el sexo en las playas de Florida. Se trata de un sistema de cámaras solares que detectarán a las parejitas que tengan relaciones sexuales y a aquellos que hagan
Para aquellos que hemos nacido cara al mar y que de pequeños llegábamos a casa regando el pasillo de la arena que siempre quedaba en las sandalias para desesperación de mamá, la playa tiene un significado muy especial, porque de siempre ha marcado nuestras vidas. ¿Será por eso que las pocas veces que he vivido en una ciudad sin vistas al océano, he tenido siempre la imperiosa necesidad de huir?

