Elena Anaya fue anoche una de las grandes triunfadoras de la 26ª edición de los Premios Goya, al haber conseguido el galardón a la Mejor Actriz por su papel en ‘La piel que habito’ de Pedro Almodovar. Emocionada y bastante nerviosa, subió a recoger la estatua (me niego a llamar estatuilla a semejante cabezón) y, como es normal, se puso con los agradecimientos y dedicatorias.
Que si a sus compañeros, que si al director, que si a sus amigos con nombres y apellidos… Y entonces llegó el momento de compartirlo con su pareja, diciendo tal que así:
Con mi amor, porque eres lo más fascinante que me he encontrado nunca y porque soy tremendamente feliz a tu lado.
No hay que ser muy espabilado para darse cuenta que Elena llevaba las palabras medidas al milímetro y que no estaba dispuesta a confirmar su presunta homosexualidad. Aunque para mí, tanta neutralidad lo deja bastante claro.




