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El año pasado no pudo ser. Celebré el Orgullo de otro modo. Seguro que no me echaron de menos, si es que entonces San Francisco se llenó de Fiesta hasta arriba como lo ha hecho este año.
Durante toda la semana pasada, la Ciudad se preñó de parejas llegadas de todos los lugares del país. Lesbianas y gays con apetito de consumo y celebración compartida hicieron aún más intransitable los aledaños de Powell con Market y Union Square y los locales y las terrazas del Distrito de Castro. Este año, aparte de la Celebración del Orgullo Gay, se celebraban al menos un par de cosas más que vienen juntas: El Matrimonio reconocido finalmente como un derecho común para TODOS, y la alegría de celebrarlo en la ciudad donde el reconocimiento histórico tuvo lugar. De entre los que desfilaron en el “Parade”, Gavin Newsom, que se paseó en un clásico descapotable, junto a su prometida Jennifer Siebel, auténtico cruzado de nuestra causa, que recibió una calurosa ovación de todos los presentes.
En la celebración, como siempre, mucho color, cuerpos de infartos, cuerpos de pena, exhibicionismo de cuero, rimmel y pamela o muy, muy silvestre, con las desvergüenzas pillando fresco (porque el clima traicionero de San Francisco volvió a hacer de las suyas, sorprendiendo caprichosamente al personal de esquina a esquina). Y como siempre, cada año, dando la nota, Dios se hizo presente en las pancartas de unos y las carrozas de otros. Y si en un sitio se nos condenaba, en otro se nos rifaba brindando con una enorme cruz rebozada de lentejuelas multicolores.
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