No olvidéis Santa Cruz
Hace dos días me tropecé con una pareja de Barcelona que se alegraron al escuchar dos mesas más allá de la suya, mientras cenaban, un ‘bona nit‘, una vez reconocí que hablaban catalán entre ellos. Contaron que llevaban dos días en San Francisco. De ahí partirían al Parque Yosemite, Las Vegas, Grand Canyon y vuelta a California para pasar dos últimos días en Los Angeles. No me sorprendió demasiado. En realidad casi cada turista español al que he saludado por aquí, venía con un paquete de vacaciones similar. Les dije lo que suelo decirles a todos: ‘La próxima vez que vengáis a California, tomáos al menos dos semanas y haced la ruta de la Costa. Del norte, desde los límites montañosos con Obregón Oregón, hasta San Diego, a menos de una hora de la frontera con México.’.
Claro que para los amigos de no tantos excesos, reduzco la propuesta: ‘De San Francisco a Los Angeles por la 1, y no dejéis de hacer paradas en Santa Cruz, Carmel y Santa Barbara‘.
De Santa Barbara os hablé en una ocasión. Es sobrecogedoramente hermosa y tíos buenos hay para ir tropezándose con una farola sí y otra también. Hoy os hablaré de mi otro paraíso particular, al que vuelvo sin más excusa de disfrutar de una de las pequeñas ciudades más bonitas de este país, Santa Cruz, apenas a dos horas al sur de San Francisco. No os quejéis si aquí también, os váis partiendo los piños mientras se os van los ojos por los veinteañeros pillaolas. Os lo advierto, aunque no se me ocurriría llamaros la atención por ello.


