Para poder votar este post tienes que identificarte o registrarte aquí.
Para votar este post conéctate con Facebook
Connect

Al levantarme por la mañana más temprano de lo habitual por un mal sueño, primero me llevé una tremenda alegría al comprobar que entre mis correos nuevos, había uno tuyo. Hacía mucho que no manteníamos correspondencia, confieso que por mi dejadez, en gran parte, pero ambos sabemos que estamos liados, liados, liados. Quizás por eso congeniamos tan bien y siempre estuvimos tan en sintonía pese a la diferencia de criterios en tantas cosas. Por eso y porque cuando nos encontramos en uno de esos viajes que disfruté en los últimos años, más por obligación que por necesidad de un break merecido, disfrutamos del uno del otro, de cada palabra de la boca del otro que nos pareció siempre tan interesante, de cada minuto de la piel del otro, de cada beso, de cada vez que nos apeteció ir de la mano por la calle para envidia de casi todos y sonrojo de idiotas.
Pero al llegar al segundo párrafo, mi alegría se ha tornado a tristeza cuando me has contado que tú también has caído, mi querido niño, mi pescadito moreno, de boca henchida de optimismo y permanente sonrisa de fleco rubio de doma imposible. Te hiciste las pruebas y resultaste ser seropositivo. Por favor, mi nene, dime, ¿cómo coño has caído?
Leer más