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ternura

El sexo anal, ¿no tan común como pensábamos?

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Loving

A las estadísticas cabe darles el valor que tienen y el margen de error que sin duda todas ellas, por definición, contienen. Pero resulta interesante pararse en ellas cuando llaman nuestra atención. Y creo que esta lo hace.

El caso es que la Universidad de Indiana y la Universidad George Mason de Virginia, mediante una encuesta realizada a cerca de 25,000 hombres que se definieron como gays o bisexuales, comprobó como el sexo anal no es ni mucho menos la práctica sexual más común de estos.

Esto no quiere decir que esto no se de, que se da, obviamente, pero según las conclusiones, sólo el 37,2% confesó haber mantenido sexo anal en su última actividad sexual.

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Letra pequeña

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Amor en Morse

Un kitesurfer de cejas anchas y ojos color de mar revuelto, me confesó en un atardecer playero, congestionado tras casi diez horas de botar sobre el agua, que moriría feliz de amor con sólo un sueño cumplido: Jared Leto abrazado a él, susurrándole al oído ‘Stand by me’. Aún no siendo ni mucho menos un gran admirador del petulante vocalista de ‘30 Seconds to Mars’, me alegró escuchar que frente al recurso fácil de llenarse la boca de polla y morir satisfecho por ello, aquel por muchos motivos inolvidable Brett de cabello duro y saliva espesa, prefería llevarse como último recuerdo, un abrazo y un ruego en susurro.

El estribillo del sexo es delicioso. Nadie ha dicho lo contrario. La polka aquella de la boca al pezón y del pezón al pene, el olisqueo de los testículos, el merodeo por el culo, con paso al hall o simple tonteo en el porche, son las notas más alegres de la canción, las que todo el mundo repite, las que todo amante conoce, las que hablan del deseo de un cuerpo por otro. Son el piropo saliveado.

Pero están otros puntos y comas, que hacen que nosotros, personas, desaparezcamos dentro de nosotros, amantes.

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Buscando a Nemo

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Nemo surfing
A veces, entre rato y rato, te paseas entre el mar de mis neuronas, sobre la tabla, con tu desparpajo aries, fugaz, y al verte pasar me pregunto, ¿era ese Nemo?, sabiendo perfectamente que sí. Quién si no. Tu pasada sin mirar, tu pelo comiéndote media cara y tu lengua afuera, pidiendo aire permanentemente, te delatan.

Bailamos sobre casualidades que le dan caras a nuestra historia. Y en una de ellas andaba saliendo yo de Santa Barbara, tras almorzar en el que siempre será, para mí, el mejor argentino del Sur de California, dejando atrás, hasta muy pronto la preciosa ciudad en la que me gustaría vivir y morir si el director del banco me lo permitiera, cuando tras salir a la derecha, antes de incorporarme a la autopista, te ví el perfil por primera vez, Nemo, haciendo dedo. Con un mochilazo a los pies y el skateboard en la mano, mientras una orgía de viento y pelo bailaba un baile imposible sobre tu cabeza. “¿A dónde vas?”, pregunté. “A Los Angeles, tengo una entrevista.”

Ese fue el primer encuentro de una intermitente relación de amistad, pasión, risas y ensaladas de anacardos y mozzarella. Compartimos cinco días en los que aparecimos y desaparecimos como un clásico del cine comprimido en un minuto. Y luego nos perdimos el rumbo, quién sabe hasta cuándo. Y hasta tal cuándo, de vez en cuando, cuando te me cruzas y me haces perder el hilo, no puedo evitar preguntarme: ¿Dónde estarás ahora, Nemo?

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Papis

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papiCuando tienes 18, 19, 21 años, tipo twink, siempre, siempre eres un caramelo. Aunque seas flaquillo, aunque no seas muy alto, aunque tu cara no sea necesariamente espectacular, los gays te vienen a llenarse la boca contigo, o de tí. Y es que hay una edad en que somos bonitos por el simple hecho de ser hombres a medio hacer, o bebés supercrecidos, como prefiráis, pero con la edad, cada vez más, con ganas de explorar terrenos hasta entonces vetados o no tan inspiradores, como el divino don de la apetencia sexual.

Porque sí, por ser en ese modo “bonitos”, de los veintimedios para abajo es fácil ligar, porque los bebés grandes son como bocaditos suaves que nunca cansan en la boca o en los brazos, jugosos aspersores de fecundo esperma, encantadores de lobos y serpientes en el arte de la seducción o del acoso burdo, en el menos atractivo de los casos, pero no necesariamente el menos complaciente si el depredador resulta ser más que simplemente bravucón en la cama.

Sin embargo empezamos a envejecer mucho más aprisa de lo que quisiéramos. Mucho antes de perder otros tipos de inocencia, antes de aprender a rellenar carencias. El tiempo es una de las pocas realidades implacables en esta vida. Podemos ensancharlo, pero su dictadura es incontrolable. Es por eso que a partir de los 28 se empieza a ser un bocado menos apetecible, o con mucha menor demanda en el mercado. Así de cabrones son esta clase de corredores de Bolsa. Por eso, a menudo, en los 30, y si no mantienes un físico que realmente llame la atención, se entra en terreno de nadie, donde ni chicha ni limoná. No somos viejos, pero ya no pibillos. El cuerpo empieza a oxidarse, las canas empiezan a dar los buenos días en los puñeteros encuentros frente al espejo allá por el alba y o te pones a dieta de gimnasio, o ya esos michelines acaban dándole más protagonismo a tu cintura que los Calvin Klein de oferta. Hay quien se deprime porque se perdieron, según creen, definitivamente opciones en el arte de acariciar culos de terciopelo mientras se besan bocas de cereza, cuando en realidad no se han hecho conscientes de que han pasado a una fase de transformación, de crisálida, que dará vida a un rol fascinante dentro de las identidades sexuales: el de “papi.”

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Mariposas en la tripa

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parejaTodo cambia. Porque aunque las cosas siguen girando alrededor de las mismas cosas, el color es distinto, el olor, el sabor del éxito y los sinsabores. De repente lo insípido sabe, lo que no tenía color, tiene, lo que que carecía de música es cojonuda sinfonía… como en los anuncios de Evax Ultra.

Vas por la calle y piensas en él/ella y se te queda sonrisa leve o de loco de alegría, recordando el abrazo de ayer o esa perspectiva, pegado a su cara, justo desde atrás, viendo brillar ese ojo mientras compartía punto de fuga con los tuyos o el leve aleteo de su hermosa nariz al respirar, o el tacto de tu pecho con su espalda, o la paz que te dió con ese breve silencio, o el pequeño reproche que quedó en freno y carcajada compartida y abrazo fundido y sentido, sentido, sentido. Y la gente te mira al pasar y piensan “otro loco más” y otros, los menos, los más al tanto de los hermosos detalles que hacen distintas las almas más hermosas, también coinciden en tu locura, porque la han vivido, y siguen caminando, detrás de tí con la sonrisa contagiada, con ese virus leve de intensa felicidad, rememorando también sus caricias privadas.

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Lengua de trapo

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Sea por fijación o por pura coincidencia, nos las arreglamos en este blog para que Jack Twist venga de visita regularmente.

El nene Gyllenhaal me inspira a la vez morbo y ternura. Lo último será por esos tremendos ojazos de Bambi, que le dan un aspecto permanente de niño grande, que incluso llevando puesto ese cuerpazo surfero de poderoso abdomen y tremendas posaderas (quién fuera espeleólogo en esa cama), dan ganas de acurrucarlo en el pecho frente al fuego. Quienes conocen personalmente al actor, o aquellos que tangencialmente le han tratado, y de eso sí que tengo testimonio directo, confirman que Jake es tan entrañable y cercano como habíamos deseado. Motivo para quererle un poco más.

De entre los devotos de Mr Gyllenhaal, un aficionado ha colgado en internet un vídeo que me ha hecho gracia de veras. Todos utilizamos pequeños recursos cuando hablamos en público. Hay quien se atusa el pelo, otros levantan las cejas, otros agitan las manos como un director de orquesta sin parar, a la siciliana. Jake utiliza una parte de su anatomía de extraordinaria versatilidad: Su lengua, su bonita lengua de trapo.

Divinas palabras

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insectsex

El sexo es una actividad bastante escandalosa. Pero “escandalosa” no en el sentido que el “meapilismo” proclama. Me refiero más bien a lo ruidoso que puede llegar a ser. Creo con seguridad, y lo he dicho en este blog más de una vez, que el sexo es el único placer que puede ser disfrutado al mismo tiempo con los cinco sentidos: Cuando nos perdemos entre las sábanas, o en el sofá, o en la silla de la cocina, o en las escaleras del primer al segundo piso o donde sea, con quien sea, nuestros sentidos están de fiesta intensa y muy sentida, valga la redundancia.

El sexo está trufado de olores. Los que desprenden nuestras pieles. A hombre, a mujer, a pasión, a necesidad de más. Se huele a boca ansiosa, se huele a pene o a vagina, a fluido, a esperma. Del tacto no os cuento nada porque el sexo es puro y hermosísimo contacto físico en toda su dimensión. Al igual que estamos bañados en olores, también lo estamos de intensos sabores que se multiplican y se mezclan en un cóctel infinito cuando disfrutamos del otro. Y disfrutamos hasta el éxtasis, los ojos de quien nos mira muy, muy de cerca, mientras besamos con intensidad, con inmensa ternura, una ternura precipitada. Y gozamos de la forma y la textura del miembro pleno de sangre, de la vulva golosa, del pezón turgente, de los labios clamando más besos, de las nalgas prietas, hambrientas, dispuestas a recibir su precioso tesoro.

Pero en el sexo el oído también es fundamental. Como digo, aquí el ruido es una constante. El de los cuerpos deslizándose entre ellos, el de la lubricante melodía de los besos, la explosión de fluidos y las palabras, porque incluso cuando no nos damos cuenta, cuando estamos ahí, en la lucha cuerpo a cuerpo, no podemos evitar hablar… pero de qué forma.

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A kiss is a just kiss 7

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Poco a poco vamos acabando con las ediciones de los vídeos A kiss is a just kiss y se va notando en la calidad de los mismos. En las primeras ediciones un vídeo se componía de multitud de escenas de diferentes películas, sin embargo ahora el vídeo está basado en una única película, concretamente en Grande École del director Robert Salis.

Una de las escenas que más me ha gustado ha sido la de los espejos – casi al final del vídeo -. ¿No es fantástica?

A kiss is just a kiss 3

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Como lo prometido es deuda, aquí os traigo la tercerca edición de los míticos vídeos de la colección A kiss is just a kiss que por fin he encontrado rebuscando por internet y que gracias a YouTube os puedo ofrecer.

En esta ocasión, la gran mayoría de escenas pertenecen a la serie Dante’s Cove que podréis bajar de intenet si queréis verla.

Las demás ediciones de estos vídeos las podéis encontrar aquí.

Kiss therapy

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Al más puro estilo A kiss is just a kiss, este vídeo nos muestra otros maravillosos besos de película. Cada día me sigo sorprendiendo porque hay un montón de películas con besos gays que no he visto. Como por ejemplo la de Leonardo Dicaprio o Antonio Banderas.

¿Esas películas no estuvieron en los cines?

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