
Una de mis debilidades es la música. Diría que no hay nada en lo que gaste más dinero a lo largo del año, y gran parte de este dinero se va en conciertos. Voy a tantos conciertos como puedo de los grupos que me gustan, claro, y de los que, aunque no escuche mucho, se que disfrutaré del directo.
Viví muchos años con la frustración de que mis grupos favoritos no pisaran este país y eso pese a vivir en Barcelona. Así que un año, hace ya mucho tiempo, con un amigo –gay por cierto- decidimos hacer las américas en busca de un poco de buena música. Evidentemente todo bien combinado con lo que nosotros llamamos turismo gay –es decir pisar todos los antros gays y lésbicos que nos sea humanamente posible en la ciudad de destino-.
Uno de los grupos que vimos en aquel primer viaje fueron las Indigo Girls, dúo de una calidad musical indescriptible, pero que pisan Europa de uvas a peras.

Los responsables de la 
