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Inolvidables amantes

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Gay lovers

Hace apenas dos días coincidí sin pretenderlo con un antiguo amante. Hacía años que no nos veíamos, y la última noticia que tuve de él fue que tenía idea de adoptar un niño. Necesitaba ansiosamente ser papá. Por eso me alegró doblemente verle enseñándole a su precioso hijo mestizo cómo sacar fotos con su pequeña cámara digital.

Recuerdo a Alex siempre con una enorme sonrisa en los labios. Increíble amante, dulce amigo, triunfador en el difícil arte de la abogacía y genial anfitrión, es de aquellos con los que a punto estuvo de suceder algo mucho más serio. Su incontrolable tendencia a la promiscuidad enloquecida hizo que pasase de echarlo de menos a echarlo de más, sin embargo, verlo junto a su pequeño, más estable que nunca, y escuchar de sus propios labios que ser papá lo había cambiado, me emocionó sinceramente.

Alex es un ejemplo más de aquellos con los que mantuve grandes o pequeños romances, o amistad y polvos, o amor a medias, porque uno quiso y el otro no se atrevió, o de dos velocidades porque uno tiraba más de lo que otro podía o sabía entonces ceder, o porque uno de los dos no amó más allá del aroma y el sabor de nuestras pieles y nuestros besos. Es uno de esos inolvidables amantes a los que jamás podré odiar, con los que de vez en cuando me veo, con los que ocasionalmente me escribo para asegurarme de que siguen avanzando, de que conocieron por fin el amor verdadero, de que su sóla existencia sigue siendo una fiesta para todos los suyos.

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El amor brujo

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Jamás mientras viva olvidaré la noche antes de que te fueras de viaje, Dan. De postre, me sentaste en tus rodillas, en la terraza, de cara a una Bahía perfecta. Como tantas veces que supimos que hablar sin más no tenía mayor sentido, nos maravillamos en silencio del equilibrio entre la Ciudad, Angel Island a nuestra izquierda, y el Golden Gate, de luces intermitentes, a la derecha. ‘Pídeme lo que más quieras ahora mismo‘, me dijiste. ‘Quiero oirte cantar’, contesté, y acercando tus labios a mi oído me susurraste entera ‘Always on My Mind‘ mientras acariciabas con ternura mi tripa.

Al siguiente día, me esperabas al lado de la cabecera de la cama, impecable de camiseta blanca y chaqueta gris de pana. Al abrir los ojos, me acurrucaste con un beso sosteniéndome la cara. Sin vestirme aún, tú ibas escaso de tiempo, nos despedimos en la puerta, con un abrazo de aquellos que éramos incapaces de acabar, y corriendo al taxi escuché por última vez tu preciosa voz diciendo: ‘Estaré contigo cada día‘. Te seguí dentro del coche con la mirada. De ningun modo pude haber imaginado entonces, vida mía, que no volvería a vivir esos besos ni escuchar esa voz ni morir de ternura con esa preciosa cara nunca más.

Cuatro días más tarde, Dan, dos horas con retraso de tu habitual horario de llamada, sonó una voz que no era la tuya. Garrett, con la voz ahogada me pidió primero que me sentase, ‘Dan – me dijo – ha muerto esta mañana en accidente de avioneta’.

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Sean Kennedy y otros Héroes Americanos

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Sean_Kennedy
El 16 de Mayo de 2007, a las 3:45 de la mañana en Greenville County, Carolina del Sur, Sean Kennedy, de 20 años, al que véis en la foto, salía de un bar local, cuando un coche se paró frente a él, un joven se bajó del mismo llamándole maricón y le dió un puñetazo tan fuerte que le rompió los huesos de la cara. Sean perdió la consciencia y cayó, golpeándose la cabeza contra el asfalto. Como resultado de la caída, su cerebro se separó del tallo craneal, rebotando dentro. Murió poco después como resultado de la brutal agresión. Al rato, su asesino, Stephen Andrew Moller, de 18 años, envió un mensaje por móvil a una de las amigas de Sean: ‘Dile al maricón de tu amigo que cuando se levante debe darme 500 dólares por haberme roto la mano.’

En palabras de su madre. Elke Kennedy, cuando Sean le confesó a su madre que era gay, le dijo: ‘Mamá, si no quieres amarme nunca más, lo entenderé.’ Ella le contestó: ‘No hay nada que pueda jamás hacer que deje de amarte.’

Sean Kennedy no juzgaba a nadie, sino muy al contrario fue una constante fuente de auxilio. Sus personalidad y su tragedia, tuvieron un tremendo impacto. Su carácter compasivo, su hermosa sonrisa, han sembrado, según Elke, los corazones de miles.

Stephen Andrew Moller, el asesino, fue condenado, con beneficios añadidos, a 10 meses de cárcel.

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Aumentan las expectativas de vida de la gente con Sida

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atripla

Un nuevo estudio publicado en The Lancet ha comprobado que la expectativa de vida de la gente con VIH ha aumentado 13 años desde finales de los años 90.

Según este estudio, una persona que se infecte ahora con el virus del VIH con 20 años, puede tener unas expectativas razonables de vivir otros 49 años, lo que está bastante por debajo de la expectativa de vida media de occidente que está en los 80 años –en España es incluso superior-.

Mientras, un paciente que se hubiera infectado con el virus a finales de los 90 sobrevivirá de media 36 años a la infección.

Esto se debe a que se ha mejorado la terapia con antirretrovirales que ahora son más efectivos y mejor tolerados por el cuerpo.

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Ya se emite 'Gimme Sugar', el reality show de lesbianas

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Gimme Sugar’. Ese es el título de un reality show estadounidense que se emite en el canal de temática LGTB Logo. Este programa narra las peripecias de un grupo de cinco amigas lesbianas veinteañeras de San Francisco.

Entre los objetivos marcados por el programa, se encuentra que lesbianas que no conocen el ambiente puedan ver con sus propios ojos como otras lesbianas viven sus vidas con normalidad, del mismo modo que las mujeres heterosexuales.

Arriba podéis ver un video promocional del programa con todas las participantes, y aquí algunos fragmentos del reality.

Vía | Sentido G

En AmbienteG | Gimme Sugar, una nueva serie lésbica

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El alcalde de las bodas gays se casa con su novio

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Francisco Maroto y Enrique Rodrí­guez, durante su boda Predicando con el ejemplo. Después de oficiar casi un centenar de bodas LGTB, Francisco Maroto, alcalde de Campillo de Ranas (Guadalajara) le ha dado el “sí consiento” a su novio, con el que convive desde hace 14 años, (juez de paz del municipio).

Los contrayentes iban vestidos de manera informal para la ceremonia, que ha culminado con el tarareo de la canción “Sin ti no soy nada” de Amaral. Asimismo, Maroto le dijo a su ya marido que quiere compartir el resto de su vida con él y que le encanta acariciarle el pelo y besarle en la nuca al despertar por las mañanas.

Francisco Maroto empezó a promover hace tres años a Campillo de Ranas como lugar donde celebrar ceremonias civiles, lo que hizo que muchas parejas LGTB decidieran trasladarse hasta la localidad para contraer matrimonio.

Vía | 20 Minutos

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Arte asiático

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Hace muchos años, cuando era joven y mona, como diría eg0manía, mi profesor de Historia del Arte nos contaba que los artistas no eran creadores, sino recreadores, que nada nuevo salía de sus manos, sino que tomaban elementos prestados de aquí y de allá, les daban tres o treinta y tres giros, y a partir de ahí generaban una narración que pasaría a la Historia, o un pedazo de bazofia con la que ejercer de embaucadores con mayor o menor fortuna.

En estos días, en el Museo de Arte Asiático de San Francisco se ha celebrado una exposición titulada Drama and Desire: Japanese Paintings from the Floating World, literalmente Drama y Deseo: Pinturas Japonesas del Mundo Flotante. En ella una amplia variedad de dibujos, litografías, pequeñas esculturas y tapices de sedas, nos ofrecen un retrato de cierto aspecto de la vida social japonesa de siglos pasados y no tan pasados, cuando existía la figura social de las geishas, las cortesanas y los hombres jóvenes que se dedicaron a la muy noble función social de dar satisfacciones alternativas o complementarias a casados, solteros o lo que se terciase. Sus hábitos, sus vestimentas y sus áreas de recreo se convirtieron en estampas habituales de las grandes urbes niponas. Todo esto, naturalmente, antes de que ciertas religiones, vinculadas a castrantes conductas más inmorales que morales, sentenciasen que la abstinencia, el oscurantismo y la censura de la lógica de los deseos eran mucho más naturales, y por tanto imperativos, que la propia naturaleza.

La muestra queda como muestra, valga la redundancia, de unos modos del pasado, hasta cierto punto, porque aunque hay costumbres que acaban siendo sepultadas, los cimientos de cualquier sociedad siguen aflorando de un modo u otro en las generaciones posteriores. La sensualidad de aquellas historias mostradas en la exposición tienen su reflejo hoy también, y el uso de la seda y técnicas delicadas para representar aquella sociedad flotante, no son más que ansiosos modos eco de la suavidad extrema y la textura de la sensualidad asiática. Y es ahí donde la recreación entra en juego.

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Colorea mi bandera

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Bandera
El uso de la bandera arcoiris para identificar la comunidad gay se registró por primera vez en el año de 1978, cuando se le vio ondear en la manifestación por la Libertad de Gays y Lesbianas, en San Francisco, EEUU, partiendo de una creación del artista Gilbert Baker, quien la diseñó como respuesta a la necesidad de un símbolo que pudiera usarse año tras año en las marchas.

Anteriormente había sido utilizada por el movimiento hippie y por grupos defensores de los derechos civiles de las personas de color. El primer diseño de Baker, estampado y cosido en su propia casa, constaba de ocho líneas, donde cada color representaba un componente de la comunidad: El rosa oscuro para el sexo, rojo para la vida, naranja para la salud, amarillo para el sol, verde para la naturaleza, turquesa para el arte, azul índigo para la armonía y violeta para el espíritu.

Para el siguiente año se encargó su producción masiva a una fábrica de banderas de San Francisco, pero por problemas con los pigmentos disponibles para ese momento, se removió el rosado y el turquesa y el azul índigo fue reemplazado por azul real. Esta versión de seis líneas se propagó rápidamente hacia otras ciudades y se convirtió en lo que hoy es el conocido símbolo de la comunidad gay internacional.

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Por favor, J., mantente positivo

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J

Al levantarme por la mañana más temprano de lo habitual por un mal sueño, primero me llevé una tremenda alegría al comprobar que entre mis correos nuevos, había uno tuyo. Hacía mucho que no manteníamos correspondencia, confieso que por mi dejadez, en gran parte, pero ambos sabemos que estamos liados, liados, liados. Quizás por eso congeniamos tan bien y siempre estuvimos tan en sintonía pese a la diferencia de criterios en tantas cosas. Por eso y porque cuando nos encontramos en uno de esos viajes que disfruté en los últimos años, más por obligación que por necesidad de un break merecido, disfrutamos del uno del otro, de cada palabra de la boca del otro que nos pareció siempre tan interesante, de cada minuto de la piel del otro, de cada beso, de cada vez que nos apeteció ir de la mano por la calle para envidia de casi todos y sonrojo de idiotas.

Pero al llegar al segundo párrafo, mi alegría se ha tornado a tristeza cuando me has contado que tú también has caído, mi querido niño, mi pescadito moreno, de boca henchida de optimismo y permanente sonrisa de fleco rubio de doma imposible. Te hiciste las pruebas y resultaste ser seropositivo. Por favor, mi nene, dime, ¿cómo coño has caído?

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Cuñados y demás

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cunaos
Cuando te lías con alguien, pues es con él (o ella) con quién te lías. Luego si la cosa va a más, pues venga, a ponerse serios, que hay que intentar batir el récord de los tropocientos años de papá y mamá juntos. Si el tema pasa a mayores, afortunadamente porque por desgracia no es tan común como quisiéramos, y aunque sea por el forro (no de los cojones) acabas conociendo más tarde o más temprano a tu familia política, aunque hayas dejado claro que tú te has liado y te casarás, llegado el día, con tu chico, no con todo su apellido. Pero va, venga, que tu suegra quiere conocer a su nuevo yerno para confirmar que su precioso bebé está en buenas manos, el suegro quiere echarte un vistazo militar para despedirse al final con un abrazo arrugadísimo que te lleva a pensar, al fin, que has conocido al señor más dulce del mundo, la cuñada quiere escanearte de arriba a abajo para asegurarse de que su hermanito va del brazo de un señor hecho y derecho y al que le sientan además los jeans ideales, y tu cuñado, todo un personaje, quiere asegurarse de quién es aquel que va por ahí rompiéndole el culo al tete y tal.

Luego, la cosa puede quedarse ahí o tirar para más. Puede que coincidas con ellos sólo en el día de la boda, si esta llega, o en ocasiones especiales y ya, o puede pasar que la relación sea más intensa, y acabes acompañando a tu suegra a la peluquería o a aconsejarle sobre la camisa favorita para su hijo o a ayudar al manazas de tu suegro a desvirarle el ordenador que se flipó con la cantidad de mierdas que se baja de la red sin ni siquiera darse cuenta, o a invitar a tu cuñada a comer porque pilló la depre por culpa de la patada traicionera que le soltó no sé quien presunta vieja amiga que resultó ser una zorra de mil pares de cojones, y acaba tu chico echándote en cara, aunque se le pase con el primer besito, que le dedicas más tiempo a su familia que a él, aunque sea mentira, pero es que le pone hacerte drama y pucheros de vez en cuando, para que le acurruques y le mojes los labios cuando se tercia y cuando no, cuando estás a ello y cuando has llegado tan cansado a casa, que sólo te apetece echarte en el sofá boca arriba para que te dé masajitos en los pies.

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