
Cuando uno lee una noticia como esta, se mezclan, al menos en mí, sentimientos encontrados.
Mientras por un lado, como primera impresión, nace en mí una sensación de alegría al ver que hay instituciones que se preocupan tanto por nuestra seguridad como por el cumplimiento de nuestros derechos, no es menos cierto que me crea una gran desazón el hecho de que todavía sea necesario que las instituciones tengan que tomar decisiones como esta para proteger los derechos y libertades de algunos de sus ciudadanos.
En este caso ha sido el Ayuntamiento de Sídney, la capital gay de Australia, quien ha aprobado zonas libres de homofobia en locales y hoteles del centro de la ciudad.


