insectsex

El sexo es una actividad bastante escandalosa. Pero “escandalosa” no en el sentido que el “meapilismo” proclama. Me refiero más bien a lo ruidoso que puede llegar a ser. Creo con seguridad, y lo he dicho en este blog más de una vez, que el sexo es el único placer que puede ser disfrutado al mismo tiempo con los cinco sentidos: Cuando nos perdemos entre las sábanas, o en el sofá, o en la silla de la cocina, o en las escaleras del primer al segundo piso o donde sea, con quien sea, nuestros sentidos están de fiesta intensa y muy sentida, valga la redundancia.

El sexo está trufado de olores. Los que desprenden nuestras pieles. A hombre, a mujer, a pasión, a necesidad de más. Se huele a boca ansiosa, se huele a pene o a vagina, a fluido, a esperma. Del tacto no os cuento nada porque el sexo es puro y hermosísimo contacto físico en toda su dimensión. Al igual que estamos bañados en olores, también lo estamos de intensos sabores que se multiplican y se mezclan en un cóctel infinito cuando disfrutamos del otro. Y disfrutamos hasta el éxtasis, los ojos de quien nos mira muy, muy de cerca, mientras besamos con intensidad, con inmensa ternura, una ternura precipitada. Y gozamos de la forma y la textura del miembro pleno de sangre, de la vulva golosa, del pezón turgente, de los labios clamando más besos, de las nalgas prietas, hambrientas, dispuestas a recibir su precioso tesoro.

Pero en el sexo el oído también es fundamental. Como digo, aquí el ruido es una constante. El de los cuerpos deslizándose entre ellos, el de la lubricante melodía de los besos, la explosión de fluidos y las palabras, porque incluso cuando no nos damos cuenta, cuando estamos ahí, en la lucha cuerpo a cuerpo, no podemos evitar hablar… pero de qué forma.

El lenguaje verbal del sexo es directo, a veces rudo, a veces divertido, a veces humillante… sin pretenderlo necesariamente. Se nos escapan palabras o las soltamos a plena conciencia, sabiendo cómo pueden ayudar a que el orgasmo nos eleve un poco más o a que el ritmo se acelere. ¿Vísteis Y tu mamá también? Cuando el personaje de Tenoch (Diego Luna), llega al orgasmo, exclama sin apenas ser consciente: “Aaaaayy, mamasita, mamasita… ” A ese tipo de cosas me refiero.

“Fuck”, “shit, “mierda”, “joder, joder, joderrrrr… “, jeje… me acuerdo especialmente de esa última expresión porque era la única que poco antes de llegar a la cumbre, usaba invariablemente la mejor aventura que viví en mi tiempo en Madrid. Hay otras situaciones en las que uno u otro miembro de la pareja decide ejercer un rol imprevisto, activo o pasivo, dominante o humillante, potenciando así su excitación con expresiones que en cualquier blog no pasarían la censura.

Hay exhalaciones ruidosas, chillidos moderados, gritos vergonzantes (para el que no grita), sobre todo cuando hay conciencia de que pared con pared los vecinos están disfrutando gratis de un show más que a menudo, no deseado. Pero bueno, para un lugar en este mundo donde podemos expresarnos con entera naturalidad, cómo vamos a cerrarle la boca a nadie.

Pero las palabras más dulces que se pueden escuchar son aquellas que más te atan a la persona con la que estás aislándote del mundo, cuando en esas breves pausas entre olas apasionadísimas, le miras a los ojos y te dice “qué lindo eres”, “te quiero”… “no te vayas nunca”, tras las que invariablemente se suceden las caricias más sentidas. Aquellas que te hacen creer con absoluta certeza, que no hay, en ese justo momento sobre la faz de la Tierra, un sólo ser humano más feliz que tú.


Tags |