20 años más o menos

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Cute Emo

Hace unos días ví un enlace en Facebook sobre las ventajas (para chicas) de estar saliendo con un señor veinte años más joven. Entre las ventajas, resumiendo: Tendrás un sexo 10, se mantendrán tus ilusiones intactas, vida social y ganas de divertirse, tendrás más ganas de cuidarte, más cariñosos y espontáneos, admirará tu experiencia y tus conocimientos, le fascinará tu seguridad, sexo improvisado…

Desde hace años, sin pretenderlo, tengo fama de asaltacunas y juro que es mentira. No porque no me líe con gente que aún vaya apurándose con los exámenes en la Universidad, sino porque más que asaltar yo, tendría que ser a ellos a quienes tendrían que acusar de asaltageriátricos, sea porque siempre he sido muy pasivo para ligar, aunque luego pase a ser muy activo cuando la ocasión la pintan ‘calva‘, sea porque me da cargo de conciencia, aunque luego me puede la poca vergüenza, dejarme meter mano por alguien más joven que mi hermano el pequeño o que mi sobrino el mayor.

Que te vengan con cara de vicio y aliento a gominola, diciéndote que la edad es un número y luego te salten a la boca como perros de presa, para qué negarlo, es muy bonito. Y o te has vuelto un pervertido, y a Dios gracias no desbarranqué por esa variante, o aparte de ponerte cerdo, tener a un pibito dándote amor pegado a tu piel, te provoca reaccionar con una mezcla de pasión y mimo. Yo en brazos de estos me sale la vena papi y soy capaz de mimarlos en brazos días enteros. Eso es lo que en realidad buscan y te come el corazón hacerlos felices.

Casi siempre, estos potros aparecen, te dan treinta vueltas, te dejan con agujetas en la polla y los labios y desaparecen trotando a por más acción en prados diferentes. Otras veces sin embargo se citan contigo una y otra vez, demandando tu chapoteo de cariño, tu deseo de hacerlos felices, tu inspiración relajada en esa cabecita y ese cuerpo cargado de tensiones por el paso de la adolescencia a la madurez, de la no necesidad de ser responsables a obligación impuesta de comerse su parte del queso en este mundo de caballos desbocados o quedarse tirados en la superpoblada tierra yerma de los menos favorecidos. Sin pretender ser la Madre Teresa de la cubrecama, es así como a veces me siento.

Y es cojonudo, y es dulce, y es divertido, y es erótico, es tierno, es halagador y puedes presumir de ello en foros y blogs como aquel que va tirándose pedos por encima del ombligo por haber logrado por fin, llevarse a la cama, a un hetero marrullero, pero tras coger resuello, con la cama aún oliendo a caricia menuda, me digo que ojalá el próximo me llevase algunos años menos, porque envejecer a la par es más arrugado, pero igual de intenso, espontáneo y tierno.

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