David Levy, autor del libro “Amor y Sexo con robots”, asegura que hacia el año 2050 existirán robots con aspecto perfectamente humano que nos amarán incondicionalmente. Así al menos lo estima el caballero.
Levy dice que no se trata simplemente de robots pensados para proporcionar placer sexual, algo que afirma podría ser posible en tan sólo cinco años, sino de robots, androides, pellejudos, mecas, vaya, programados para compartir nuestras idas y venidas, contarnos chistes, mantener conversaciones con nosotros, hacernos sentir amados. Gente sin censuras, sin negativas, sin divismos, con un gusto ecléctico, y supongo que con el único pero del precio, así a bote pronto.
Da miedo escénico en cierto modo y mal rollo ético, por otro. Lo primero porque te preguntas: ¿Y si se le cuela un virus y en una sesión de sexo oral me suelta una mordida y se queda pegado.? Lo segundo es porque pese a ser puros amasijos de cobres y siliconas envueltos en réplicas de Alex Verga y así, te preguntas hasta qué punto, esas máquinas alternativas de amar, no tendrán también la capacidad escondida de soñar con ovejas eléctricas.
Levy dice que pese a la aparente frialdad de esa realidad futura, lo cierto es que estos mecas del amor, serían la perfecta solución para gente que en circunstancias “naturales” no tienen nada fácil conseguir una pareja que satisfaga sus deseos de no estar sólos, por su aspecto físico poco favorable, por una timidez extrema o incluso, por auténtico pánico a relacionarse de cualquier modo, con “gente” de su entorno. Cierto es que esta situación sería una constante mentira, aunque como leí en algún sitio, la mentira tiene la función, para aquel que miente, de procurarle cierto equilibrio porque compensa sus carencias con ilusiones que el mismo mentiroso se crea. Perfecto “soma” entonces para los futuros habitantes de Un Mundo Feliz.
En el lado positivo me imagino, sin embargo, a mí mismo, que dentro de 50, si sobrevivo, estaré en los 90, acompañado de un pollo con pinta de tener 25, que se va a media tarde a pillar olas de aceite lubricante después de hacerme de comer Sashimi de atún amarillo con vinagreta de trufa y aceite de albahaca con espuma de feta, para volver al atardecer a cantarme canciones de amor con el único acompañamiento de un speedo húmedo y ceñido, haciendo vibrar mis marchitas carnes para acabar haciéndome dormir en sus labios enamorados entre suspiro y suspiro de viejo verde con dentadura de porcelana.
Al final no será del todo mala la idea.


Comentarios
Se pilla antes a un mentiroso que a un cojo, las mentiras no suelen durar. No me parece buena idea, suena triste.
Escribir un comentario
Para hacer un comentario es necesario que te identifiques: ENTRA o conéctate con FacebookConnect